Sobre un caballete un papiro de grandes dimensiones descansaba. Ante él, Víctor de Yuste sostenía en su curtida mano una barra de sanguina que sujetaba con temblorosa delicadeza.

Se sentía poseedor de una idea bien inspirada y la iba a plasmar a modo de boceto en lo que sería la primera imagen del retablo de la Iglesia de Briones.

Ah! Magnífica obra para la que había sido encomendado junto con su desconocido, y a partir de ahora acólito mancebo, Juan Refranero.

Juan, postrado en una silla, contemplaba desafiante y con atención, aquellos trazos que la mano del Caballero de Yuste iba dejando.

A su paso, por la rugosa superficie de un lienzo amarillento, la diestra se estremecía de impaciencia, por ver que sería de una idea durante años en mente contenida.

Cien lustros después venerada y nunca en vida agasajada ¡Qué desgracia!.

Presta atención Juan, - le decía Víctor- hemos de atenernos a las instrucciones que nos dió el Obispo Mendoza y Sor Paula de Rodrigo, pero aún así y cómo ya fué escrito por otros en Sevilla, nosotros también haremos algo tan grandioso, que las gentes del mañana cuando alzen la vista, pensarán que no estabamos cuerdos cuando proyectamos este evento.

El retablo -continuó- estará dedicado a la Virgen de la Asunción. Debe por tanto ser la figura central del mismo. Estará flanqueada por iconografías de San Bartolomé y San Andrés y contendrá pasajes de la Pasión de Cristo. Más adelante, nos darán los nombres de otros santos de especial devoción por estas tierras.

Pero eso no es lo que más importa, pues en lo que respecta al diseño de fondo, tengo total libertad y autoridad, así que dispongo para tu conocimiento y sobre este lienzo que la estructura principal de la obra que vamos a acometer, sea como aquí aparenta ser.

Víctor, se dió la vuelta y comenzó a dibujar el boceto mientras le explicaba: "el retablo estará asentado sobre un banco y constará de tres cuerpos organizados en cinco calles con sus correspondientes zócalos. Si Dios nos da fuerza, será coronado por un ático. La altura pues, alcanzará unos veinticinco metros y tendrá una anchura de quince.

Juan que estaba atónito, se levantó diciendo: ¡pero Maese!, tardaremos años, muchos años en terminar los dos sólos está obra tan gigantesca.

Victor avanzó hacia él haciéndole frenar el paso en seco. "No Juan, tardaremos alguno más, porque los relieves que llenarán esta emblemática obra, serán denominados en un futuro como prodigiosos, y es en este aspecto donde yo cuento con tu ayuda.

Deberemos acostumbrarnos a vivir juntos, pues probablemente así lo estaremos lo que nos queda de vida. Si lo logramos, pasaremos juntos a la posteridad y nuestra amistad continuará en las mentes de aquellos que por esto nos recuerden.

No estaría demás - Exclamó Juan Refranero-, que ya que hemos de pasar juntos toda la eternidad, nos conociésemos un poco mejor.

¿De dónde procede el Maese? . -Preguntó-

Vengo del Sur, .-Dijo Víctor- pero no es de eso de lo que quiero hablar. He cerrado la ventana del pasado y una vida nueva quiero comenzar.

¿Hay algo que le atormente Señor? Si es así, debería contarlo pues las penas compartidas son más livianas. Mal que se caya, queda sin consejo y aquel dolor que se oculta permanecerá sin remedio.

No Juan, no hablaré de mi pasado, el olvido es herencia de la distancia, en el espacio y en el tiempo. Por eso puse tierra de por medio y para ello evitar mencionar mis desdichas es lo que quiero.

No se hable más -aceptó Juan sumiso-, pero sé que al final algún desliz tendrás y una vez abierta la caja de los truenos, esta será imposible de volver a sellar. Aun así me pregunto ¿Qué es un hombre sin pasado?, ¿Es acaso como un libro con las páginas en blanco?

Continuará...