La baronesa Delfina de Gasteiz, abrió el sobre lacrado que le entregaron y la leyó en voz alta ante la presencia del Obispo de Vitoria y el Doctor Jeremías.

En Toledo, En el año de la Encarnación del Señor de 1.243.

Convento de Santa Úrsula

A quién pueda interesar y a petición de su eminencia, el Obispo Catedralicio de Vitoria, describiré a continuación los hechos más relevantes de la vida de Sor Paula de Rodrigo, que convivió para la gracias de Dios en nuestra vecina congregación del Convento de Santa Úrsula durante dos años y ya hace más de seis.

Sor Paula, llegó una tarde de invierno, acompañada de su padre. Llovía muchísimo. Era como si trajera tras de sí un nuevo diluvio Universal. Recuerdo que cuando yo abandonaba el convento después de mi visita semanal a la congregación me topé con ellos al ser yo mismo quien abrió el portón.

Les hice pasar y les acompañé a una de las salas del convento. Su padre me pidió hablar a solas conmigo, así que pedimos a Sor Inés que llevase a la joven a la cocina a tomar un caldo caliente y secar sus ropas.

Nada más marcharse, su padre colocó una bolsa llena de monedas de plata sobre la mesa.

Debe quedarse con mi hija y guiarla por los caminos de Dios, me dijo muy nervioso.

Yo le llené la copa del licor que hacemos en la abadía y le agarré del hombro tratando de reconfortarle, mientras él agachaba la cabeza sollozando.

“Venimos del norte de Cáceres – me dijo- donde tenemos una hacienda fruto de la herencia recibida de nuestros antecesores. El origen de la misma, reside en la familia Fernán Calvo. El anterior Marques de Yuste la donó a nuestra familia por motivos que nunca fueron explicitados.

Mi hija, no quiere vivir allí de ningún modo, pues clama a Dios que esa tierra está manchada de sangre. La intentamos convencer por todos los medios de que eso no tiene razón de ser pero cada vez que nos descuidamos ella escapa del lugar. A pesar de estar viviendo bajo tutela y vigilancia extrema y que dos doncellas la siguen continuamente, ella suele escapar, aún durmiendo en sus aposentos, custodiada por cerrojos nada ligeros. No sabemos cómo consigue huir todas las noches de luna llena para ir a parar a un mismo lugar en los montes de la Sierra de Gredos. Mis hombres siempre la encuentran rodeada de manadas de lobos que milagrosamente no la dañan y hasta la protegen de otras alimañas”.






Yo, continúe escuchando al hombre hasta que al final me apiadé de él y convencí a Sor Inés para que le diese cobijo en el convento, a cambio de la generosa dote que su padre nos entregó para el monasterio. Bien sabe su Santidad que el dinero aunque lo despreciemos, es en este mundo de estrecheces un hecho real, de necesidad vital.

Sor Paula, se comportó de manera excepcional, deslumbrando a las demás adoratrices en todas las virtudes que Dios pide a una hija suya que se pretenda beatificar.

Es cierto, que era una persona esquiva, fría y sus palabras parecían guardar un significado oculto. Por eso llamó enseguida la atención, porque siempre que hablaba, las demás o no entendían o las obligaban a pensar para descifrar esa retórica que a todos nos hacía cavilar.

Cuando Sor Paula pidió inesperadamente y sin grandes motivos su traslado hacía el norte, yo estuve leyendo alguno de los textos que todas las noches ella escribía, y confieso que éste que a continuación transcribo, aún me hace pasar noches en vela.

´Para que la vergüenza no permanezca impune

Para que la venganza no sea débil

Para que la justicia no quede aplazada

Y dejada en manos de un Dios de perdón

Conjuremos al ángel caído

Y aquél que más coraje dispense

Nos libere de nuestro dolor.

¿No es acaso un Dios misericordioso en exceso un Dios menor?’

Que Nuestro Señor me perdone por haber repetido sus herejes palabras, pues de no haber sido porque Sor Paula ya partió hacia el norte y con carta de recomendación, este texto hubiese sido suficiente para expulsarla de la congregación. Pero al final todo quedó en agua de borrajas.

Nunca más se habló del tema.

Ahora, su Santidad debe excusarme y abandonaré aquí la historia. Si necesitase de más detalles puedo proveerle de toda la información que se camufle entre estas paredes.

Sin querer extender en exceso mi misiva y esperando que esta información le sea de utilidad, se despide de vuecencia este un humilde servidor de su Ilustrísima y de Dios.

En Toledo, 1243
Fray Berlamino Rojas

Continuará…