Aquella tarde de domingo, me habían dejado en la estacada. Un plantón de mil demonios, que a mediados de aquel severo invierno no me sentó nada bien. Pero ya que estaba en el centro, me decidí a deambular por las callejuelas extrañamente poco pobladas del centro de Madrid.

Entré en un callejón donde había varias librerías de viejo y me asomé a una y a otra. Estaba tristón y no me concentraba en curiosear mucho sobre los libros de coleccionista que allí se albergaban. Además, como casi todos estaban tan deteriorados, no se podían tocar a no ser que hubiese un serio interés en comprarlos.

Me conformé con releer los títulos ante la inquisitiva mirada de los muy ancianos dependientes que al entrar, me habían saludado ya desde alguna otra vida.

Por eso que no me demoraba mucho en salir de las tiendas, para después dirigirme a otra, y así sucesivamente hasta que me quedó tan sólo una, justo en la esquinita de la callejuela con final amurallado.

Una puerta de madera pasto de la carcoma, y un cristal empolvado como carta de presentación, sujetaban a duras penas un cartel en hierro forjado con letras blancas.


"La Tienda de Palabras"


Me resultó simpático el nombre, me asomé y ví un largo pasillo. Al final se adivinaba una ténue luz que tiritaba entre el vaho y la polvorosa que cubría el cristal.

Una gota de agua de lluvia que cayó sobre mi coronilla, me animó a entrar. Empujé el herrumbroso pomo y avancé tras el chirrido de las bisagras.

Mientras recorría el pasillo, me extrañó no ver aún ningún libro. El corredor, estaba cortejado por estanterías sobre las que había una innumerable colección de cajitas de madera.

Cuando llegué al final, un hombre estaba sentado en una mecedora, con una pipa humeante entre sus manos y a su lado una pequeña mesa sobre la que había una libretilla, una pluma antigua y un tintero. Detrás de él, más estantes y mas cajitas.

¡Hola! - saludé con intrepida timidez-

El barbado personaje, me miró y sin sorprenderse y asintió con la cabeza mientras se llevaba la pipa a la boca.

¿Qué se vende aquí? - Pregunté-.

Palabras, joven - me respondió -. Vendo palabras sueltas, o en frases. Puedes comprar de todo. Puedo escribir para que consigas tener el estado de ánimo que desees o satisfacer cualquier necesidad. Esas palabras, serán sólo para tí y tú las guardarás y harás con ella lo que te plazca.

Están escritas con esta pluma, sobre papel enrollado con sumo cuidado y con la mejor de la tintas de la china. Las cajas son de madera aromática de la India, sirven de continente y van de regalo o incluidas en el precio, eso depende de como quieras verlo. Bien es cierto que deberás pagar una moneda antes de leerlas pues entonces estas ya pertenecerán a tu memoria.

Hay, Metáforas, Poemas, Sonetos, Onomatopeyas, algún que otro Oximorón, Palíndromos, Símiles y lo que se te ocurra. Las he escrito yo, y si las compras serán tuyas y nunca más las venderé a nadie.

¡Que curioso! - dije mientras daba un paso adelante hacia una de las estanterías a la vez que me llevaba una mano al bolsillo.

Saqué una moneda y se la entregué: déme un palíndromo por favor, para leer ahora por favor.

Ah! – Exclamó - Has elegido para empezar de lo más difícil. Estas frases que se leen igual de izquierda a derecha que viceversa valen el doble. Pero como es la primera vez que compras, te las dejaré por el precio normal.

Se levantó, fue hacia la estantería y me acercó una de las cajas. Le entregué la moneda y la abrí:


"LA RUTA NATURAL"


¡Es verdad! me dije, se lee igual al derecho que al revés. ¡Pues sí que tienen que ser complicadas de componer. Yo conocía una pero no llegaba a frase, se quedó en palabra: “RECONOCER”

Bueno…, todo es empezar -dijo el viejo que sonreía por primera vez-.

Sí, así es, y ya que ha hecho crecer mi curiosidad, ¿qué es un Oximorón? – pregunté -.

Un Oximorón – me respondió – es una figura literaria, que consiste en que en la misma frase, está la afirmación y su contraria.

Vaya vaya, me voy a gastar el dinerodel café que no me tomé en esta suerte de cosas - pensé-.

Se fué al pasillo y volvió con otra cajilla. Toma éste. Es de los buenos, es un doble Oximorón -me dijo-.

Después de pagarle abrí la caja y saqué el papelito:


Con la alegre tristeza que me provoca tu ausencia
Me deleito en compañía de mi soledad austera.


Nuevamente sonreí y le miré. Si que es doble. Alegría y Tristeza, Compañía y Soledad, ¡jaja! ¡Dobles parejas!.

Bueno – le dije- me tengo que marchar. Me ha gustado mucho este sitio, volveré algún día.

¡Espera! -me dijo- llévate este poema y se lo mentas a modo de piropo a aquella que hoy te dejó sólo. Como sé que volverás por aquí, si funciona, ese día me lo pagas.

Me entregó una última caja de madera y me dirigí a casa, extrañado de el porqué este anciano, había adivinado que alguien, aquella tarde, me había fallado.

Cuando llegué a casa, quité el lazo a la cajita, la abrí y saqué el papel que estaba cuidadosamente enrollado.


“Si te vienes conmigo, haré contigo, lo que la primavera hace con los naranjos”.


Días después y encontrándome con aquella chica en el momento propicio, se lo susurré al oído. He de decir, que con mágicas palabras se llegamucho más de lo que uno pueda imaginar.

Pasaron los años, y tuvimos 9 hijas. La primera de ellas, la llamamos Azahar.



Post Scriptum:

Si tenéis alguna frase de vuestra cosecha de la que os queráis deshacer, podéis dejarla aquí. Como ya no tengo dinero, os ofrezco a cambio algún que otro soneto. todo de buena tinta, pues fueron comprados al Vendedor de Palabras de aquella calle extinta. J