De colores, ojos y luces...
Todas las mañanas, a eso del mediodía, Teresa de Añaga terminaba de extender el agua salada que venía del manantial sobre la era.
Dejaba el agua evaporar durante algunas horas al sol, se marchaba a por su hijo Daniel, para que le acompañase río arriba a recoger endrinas y comer juntos en un hermoso lugar en la parte brava del río.
Daniel ya había cumplido 4 años y su razón comenzaba a despertar.
Aquella mañana después de que su madre hubo recogido suficientes endrinas, se sentaron como siempre a descansar junto al río.
Mamá, cuéntame como son los colores – pidió Daniel tirando suavemente de las telas de su larga falda -.
Teresa, había cogido cierta habilidad en describir objetos y sensaciones a su único hijo, el encantador Daniel que nació ciego, pero esta pregunta, le hizo aguardar unos segundos para coger aire antes de responder. Mientras, él se impacientaba.
Escucha corazón, los colores, transmiten sensaciones y sólo son entendibles por comparación. Puedes pensar que el verde es el color del campo, de las hojas en los árboles y los tallos de las flores. Es un color fresco, porque es el de la fruta joven y ya que estamos, has de saber que es el color de mis ojos…
¿Y el azul, mamá, cómo es el azul? Dijo Daniel
El azul, es el color de la sinceridad, porque es limpio. Es el color del cielo cuando no hay nubes y el color del agua de este río cuando está en calma.
¿Y el rojo?, háblame del rojo –preguntaba el joven aceleradamente a la vez que jugaba con las manos de su madre.
¿El rojo?, ¡ay el rojo! -suspiraba Teresa-. El rojo es la pasión porque es el color de la sangre e interpreta lo mismo que ella. Es amor cuando se comparte y odio y llanto cuando se derrama, por eso nunca es desapercibido, porque es el color que baña el corazón…
Mamá – se entristeció Daniel dejando caer una lágrima- el color que yo veo es el negro ¿verdad?, es el color infinitamente profundo e invariable. Es la pena, ¿verdad mamá?
No hijo, tu puedes ver todos los colores, sólo piensa en ellos. Yo te hablaré y te entregaré la luz que necesitas. Imagina y sueña, porque los colores no existen. Están en nuestra mente. Si no hay luz no hay color tampoco para mí, pero todas las noches, cuando soplo las velas, no dejo de ver tus rubios cabellos, tu piel blanca y tus mejillas rosadas.
Mamá, ¿me estás diciendo que no existen los colores, si no existe la luz? ¿Acaso existen los colores, si no existen los ojos?
Teresa se quedó pensativa un buen tiempo y levantándose, cogió de la mano a Daniel y dijo:
Vamos hijo, -dijo Teresa poniéndose en pie-. Hemos de hacer un largo viaje. Debemos encontrar al hombre que responda a esas preguntas.

haptesupreina dijo
Es la pregunta del millón, existe algo que desconocemos, si hay un solo ser que lo conoce existe.
Pero en este caso si no existe la luz no existen los colores, porque estos surgen de la descomposición de la misma,y el color de un objeto es ocasionado porque el mismo absorve todo el espectro de colores de la luz blanca menos el que él posee. Por tanto contestada la primera sin luz no hay colores.
Sin ojos, si hay luz habrian colores, pero nadie los conoceria, no serian conscientes de su existencia, no obstante los colores seguirían estando.
En este precioso post, lo que se consigue es que alguien que no tenía la consciencia del color la adquiera a través de los sentimientos, pero su percepción visual no la tendrá.
Me encanto tu post.
Besos
6 Octubre 2006 | 03:04 PM