El destino del Rey Lear
8:45 de la mañana sábado. Escuchado en una cafetería de Madrid.
_ [A voces] ¡Oiga! ¡Este croissant está duro como una piedra¡
_ ¡Pues no puede ser porque me lo traen todas las mañanas frescos!
_ ¡Pues que sepa que el que se los trae los tiene que haber recogido de una cantera!.
_ Pues si no le gusta hay enfrente tiene otro bar.
La discusión continuó en una espiral de fuego y sospecho que este fue el inicio de un mal día para dos personas de fuerte carácter.
Segundos más tarde llegó una señorita y pidió también un croissant.
_ Disculpe señor, hoy a su pastelero no le han salido bien las cosas, podría cambiármelo por otra cosa, está un poquillo pasado.
_ ¡Ay! ¡Si es que este elemento se me duerme!. Sin problema señorita, quiere usted una barrita con mantequilla o mermelada? Se la preparo en un momento.
_ Si, si por favor, se lo agradezco.
Siempre he pensado que el carácter fuerte sólo genera una reacción de igual o mayor virulencia procedente de la parte contraria.
Me quedé cabilando si no es mejor utilizar el arte de la seducción aunque uno tenga que tragarse las palabras que le salen de esa fragua que todos llevamos a veces dentro. ¿Es mejor contar hasta diez antes de responder y aguantar?
A mi la experiencia me dice que arrojar por la borda el lastre del orgullo nos deja navegar con más serenidad.
Una frase me vino a la memoria y me quedé pensando qué le ocurriría al final al Rey Lear después de pronunciar estas épicas palabras:
“Nosotros cargaremos con el peso de estos tiempos tan tristes, pero diremos lo que el corazón nos dicte, no lo que debamos decir”.
¿Cómo le fue? ¿Alguien lo sabe? y ¿al croissant? ¿qué le ocurrió?
Rojopasion dijo
Creo q siempre es bueno tener carácter... se puede tener carácter y tambien un poco de educacion y respeto... eso es lo que le fallo al primero...
Besos
5 Octubre 2006 | 12:58 PM