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La Coctelera

DESDE ENTRE LOS ARBOLES

Categoría: Retales de la vida de Don Victor

27 Diciembre 2007

Algo brilla en el cielo

Era el día de Nochebuena de 1353 y todos, desde la aldea de Haro, habían decidido trasladarse a las Salinas de Añaga para celebrar una noche tan especial.

Teresa, continuaba exhausta y pálida de cansancio por la frenética lucha que entablaba con una Muerte empeñada en llevarse a alguien de aquellas Salinas bajo su amparo. Las heridas que el zarpazo de las maderas le produjo en su caída, habían cerrado bien, pero la infección no remitía y esto le provocaba una fiebre ardiente. Para más desgracias, su pequeño Daniel, que a pesar de haber progresado con las pócimas del doctor Jeremías le suministraba, continuaba infelizmente ciego sumido en su mundo sin color.

La desafortunada y pequeña familia, estaba en el corazón de todos, pues las desgracias amontonadas, provocan mas lástima que aquellas que se nos presentan aisladas.

Además, a la mañana siguiente, Héctor el zapatero debía partir para Asturias y había que reconfortar al solitario viajero que se disponía a afrontar en el día de Navidad, un viaje tan largo y sombrío por aquellas escarpadas montañas en busca de la meiga de leyenda milagrosa que salvaría la vida de la malherida Teresa.

Mientras el Doctor Jeremías colocaba un paño con agua fría sobre la frente de Teresa, Daniel se dirigió con los brazos estirados hacia la puerta, cuando alguien golpeó sobre ésta, hasta que acertó a girar el pomo.

Al abrirla, todos entraron en tropel sobre la única sala de la casa. Víctor, Ciriaco, Héctor y Carmela, la joven bajita con tacones altos, aparecieron de golpe cantando una canción de Navidad. Tras ellos, Pedro el cantinero y Ciriaco esperaron en la calzada pues venían cargados con grandes sacos de sabe Dios que alimentos.

Teresa, aún en su mal estado, los saludaba al llegar, levantando el brazo no dañado como quien saluda desde otra vida, sacando de lo más hondo de su ser las ultimas gotas de energía para hacer doblegar la comisura de sus labios y mostrar una tenue sonrisa.

- Entren todos por favor, la casa es pequeña pero el corazón es grande-dijo con dificultad.

Los visitantes se sentaron alrededor de Teresa, que incluso con ojeras, mantenía la belleza que irradiaban su sojos verdes.

Poco después volvieron a llamar a la puerta. Y apareció Nicanor Beltran, el hombre bueno que también vivía en la aldea, acompañado de un gran grupo detrás, ¡Santo cielo! Tras él estaban la mujer de Jeremías y sus nueve hijos queno querían estar sin su padre en esa noche. Viendo el tumulto, más gente de la villa se acercó con humildes regalos para el niño y su madre. La casa se llenó de gente y decidieron que como era imposible entrar todos el misma casa formarían el círculo de fuego.

El círculo de fuego era una formación muy usada por aquellos que acampaban a la intemperie en las frías noches de invierno. Consistía simplemente en hacer un círculo de unos diez metros de diámetro con cinco o seis grandes hogueras y en el centro una más, de tal forma que se formaba una irradiación de calor uniforme y agradable en el hueco que quedaba entre ellas. Con eso conseguirían estar confortados en una noche que aunque de cielo limpio se presentaba, fría como un tempano de hielo se presumía.

Saldremos fuera, - dijo Nicanor -e improvisaremos un campamento para celebrar esta Nochebuena. Ciriaco y Pedro sacaron comida y vino, las hermanas de Nicanor se presentaron con sendos laúdes y Teresa quedó tumbada cerca de la hoguera pequeña. Poco después todos cantaban canciones de Navidad, pero cuando el vino comenzó a calentar el cuerpo, las hermanas comenzaron a tocar canciones populares mas profanas y animadas.

La mujer de Jeremías, era una robusta personalidad de casi metro ochenta de estatura y más de noventa y cinco kilos de peso. Con cara de buena persona y mofletes colorados, reía con las canciones a grandes carcajadas. Se levantó y agarró del brazo a su esposo Jeremías, bajito y delgado como el tronco de un olivo, que no se resistió y acudió a la demanda del baile para el que su mujer le apremiaba.

Daban vueltas y vueltas al son de la música y todos reían por la grotesca estampa que la extraña pareja les brindaba. Ella le sobrepasaba en más de dos cabezas y un cuerpo.

Victor de Yuste susurró sarcástico al oído de Héctor, - No entiendo como este hombre diminuto pudo hacer nueve hijos a esta mujer de talle exagerado. Debió hacer un esfuerzo titánico para llegar a ese excelente resultado.

Ja ja! - rió Héctor - es cierto maese, pero aún subestima vuecencia el poder de las pócimas de esta eminencia que entre las carnes de la mujer de cuando en cuando se deja ver.

Mas tarde, Carmela bailó con Daniel agarrado del brazo, y Ciriaco como siempre un poco avergonzado lo hizo con Elisa la menor de las hermanas.

Pero algo se percibió en el son de las canciones. Repentinamente las voces comenzaron a apagarse. Pedro miró al cielo y dejó su mirada en él clavada. Y Victor vió a Pedro y miro al cielo, y Héctor miró a Víctor e hizo lo mismo y Carmela y Elisa y su hermano Nicanor y al final todos miraban al firmamento mientras la música se detenía por completo. El silencio se hizo tan presente que parecía se podia palpar y conmovidos todos vieron una estrella desplazarse por el cielo.

Siguieron su traza con admiración, contemplando los destellos azules y rojizos, que dejaba atrás en forma de cola eterna. Como un magnífico cometa de colores, surcaba el espacio infinito con excitante serenidad y elegancia. Grande como la hija de la luna, brillante como un diminuto sol, se hacía dueña del firmamento con un desplazamiento suave e uniforme en dirección al este.

Teresa tambien la vió, y a la vez que sonreía, sus ojos emanaban lágrimas de última esperanza en sus pupilas. Sujetó la barbilla de su hijo Daniel, y la empujó con suavidad hacía arriba. Le hizo mirar hacia hacia el cielo y Daniel contempló. Esa enigmática estrella que se perdía en los confines del horizonte fue la primera imagen nítida que en su vida vió.

Continuará...

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21 Octubre 2007

Un hombre cuerdo y valeroso

Víctor estaba a las puertas del taller de Briones donde solía trabajar. Ensillaba su caballo para regresar a la posada de Haro. Había adelantado algo esa mañana perfilando plumas con un fino formón, sobre una paloma de madera que sería la encarnación del Espíritu Santo en el futuro retablo. También dió instrucciones a Juan Refranero, encomendándole trabajos para una semana, como pulir tablones y tallar filigranas en la base del banco principal. Eran cosas de poca monta, que requerían más tiempo que habilidad.

También le advirtió de su ausencia en los próximos días, pues un viaje debía hacer y lo de menos era saber el porqué. Sólo le dijo que regresaría en breve, pues para Asturias, cuatro días de ida y tres de vuelta serían suficientes, pero no quería que le dijese a nadie hacia donde iba y que ni siquiera mentase, que de la Rioja estaría ausente.

Confíe en mi maese -le dijo Juan- pero es menester que me diga algún motivo para el viaje, pues de intriga a veces muere la gente y si me preguntan, más extraño será el silencio que una excusa aparente.

Escucha Juan, - le dijo Víctor- yo y otros hombres, vamos a llevar a Teresa de Añaga a un lugar donde la podrán sanar de sus heridas. Aquí los médicos ya hicieron lo que pudieron y de aquellas tierras, alternativas prometedoras a nuestros oídos llegaron. Pero no digas a nadie a donde vamos ni para qué. Diles si te preguntan, que a por nuevas pinturas y materiales a Vitoria he marchado.

En boca cerrada no entran moscas, maese -sentenció Juan haciendo honor a su sobrenombre Refranero- . No tiene por qué preocuparse. Así lo haré y mis labios cerrados serán un ejemplo de discreción, prudencia y moderación.

Víctor, le miró a los ojos y enarcó ambas cejas en señal de escasa confidencia, dió media vuelta para montar y como alma que lleva el diablo hacia la villa de Haro partió, donde había combinado encontrarse con Jeremías y Daniel.

Ya en en la plaza de Haro, Víctor vió a Daniel con otros dos niños jugando con su caballo alado de madera. Aque hermoso Pegaso esmaltado en azul turquesa y rematado con ribetes plateados en el perfl de sus alas. Se acercó y el chico le dijo que los demás amigos a quiénes buscaba,estaban en el interior de la cantina.

Cuando Víctor se adentró en la taberna con su bolsa de viajero, demoró en encontrarlos pues el local estaba abarrotado de gentes. Era domingo, había mercado y se acercaba la hora del almuerzo, justo cuando los comerciantes cerraban sus tenderetes satisfechos de lo que en aquella mañana habían despachado.

Al final, los encontró. Jeremías, Carmela, aquella niña bajita con zapatos de tacón alto, y Ciriaco compartían mesa. Héctor estaba de pie sobre las espaldas de Jeremías tirándole de las orejas. Cuarenta y cinco años de amistad permitían esas licencias.

Ciriaco mientras tanto reía. El domingo, era el único día de la semana que el pobre Ciriaco no lloraba.

¡Que ocurre aquí! saludó Víctor sonriente al alegrarse de verlos.

Siéntese maese -le invitó Héctor-. Le estoy tirando de las orejas a esta vieja gloria de la medicina, por burro y por senilidad de pensamientos limitados ypoco ilustrados. Jeremías me ha contado que van a hacer un viaje para llevar a Asturias a la joven Teresa. ¡En que cabeza de doctor cabe esa descabellada idea!. Con esas montañas escarpadas, esos caminos retorcidos y este clima gélido, ¿cuanto tiempo de viaje cree que aguatará con vida la pobre mujer?

No es ella quien tiene que ir a la curandera, somos nosotros quienes debemos traerla a la meiga hastaella. Y no hace falta que vayamos tantos hombres, todos tenemos quehaceres importantes de qué ocuparnos.

Yo mismo podré acercarme sólo al Islote de Castro, consultar los remedios que la bruja recomienda y traerlos cuanto antes. Un hombre sólo y cuerdo (dijo mirando socarrón a Jeremías), es ligero como un ave que vuela con el viento.

Víctor no tuvo más remedio que darle enseguida la razón, y Jeremías con nariz colorada, mirando su jarra de vino asentía arregañadiente.

Ciriaco tartamudeó, pero nadie le entendió.

Mañana -prosiguió Héctor, muy temprano, iremos a las Salinas que están en el camino de Asturias. Allí Nicanor -el hombre bueno- me dará las guías y consejos que necesito para alcanzar el camino del Islote y raudo partiré hacia el norte.

Víctor levantó su copa - ¡brindo por el valor y la sabiduría de los hombre de estas tierras! - y todos, al unísono, sus jarras en lo alto estrellaron.

Continuará...

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11 Octubre 2007

Un viaje desesperado

El doctor Jeremías estaba desesperado. Teresa tenía una fiebre ardiente y la sangre contaminada por alguna infección generalizada. La herida en el hombro había cicatrizado bien, pero nadie parecido a un humano, podría haber sobrevivido al brutal esfuerzo que su débil cuerpo estaba haciendo por huir de esa sombra con guadaña que acechaba las Salinas de Añaga.

Jeremías apoyó su brazo sobre los hombros de Nicanor, "El hombre bueno", y ambos comenzaron a caminar despacio y resignados hacia el pueblo que descansaba en una noche solitaria. El médico se lamentaba: creo, querido amigo, que lo único que la mantiene con vida es la promesa de vivir que le hizo a su hijo. Esperar a que el joven recupere la vista y pueda ver el rostro de su madre aun en cuerpo y alma, para después ella partir al otro mundo y dejar al pequeño Daniel un recuerdo hermoso para el resto de sus días. ¡Que noble tarea es esa a la que la hermosa Teresa se encomienda!.

En verdad, amigo Nicanor, que así son las paradojas de la vida. Mientras uno se acerca a la luz, la otra se aparta inexorablemente de ella, ¡que curioso y triste relevo!, así como el sol no puede ver a la luna, el hijo no puede cruzar la mirada con su madre.

Nicanor Beltrán, habia viajado mucho y conocía muchas historias de esta enigmática región de la España antigua, pero ésta, por contemporánea, era de las que más rumores entre la plebe local provocaba y así se la relató al anciano doctor.

- Hay una isla frente a la costa Asturiana, cerca de la Villa de Ribadesella. Lo lugareños la conocen como el Islote de Castro y se levanta majestuoso entre playas de fina arena. Dicen que allí vive una bruja. Una anciana curandera que huyó de la Iglesia para no ser sacrificada, a la que ellos la llaman Meiga de Castro.

Las autoridades se han acercado a este islote aparentemente deshabitado, y nunca un ser vivo han encontrado, pero en las noches de luna llena, dicen que se puede ver una columna de humo que emana desde esta insular tierra.

Es sabido - continuó Nicanor - que gentes que gravemente enfermaron, en su último aliento hasta el islote navegaron. Las gentes de lugar, guardan discreto silencio, pero si vas por allí y le arrancas alguna palabra a alguien, te contarán que aquellos cuerpos decrépitos que a la mar se hicieron, regresaron vivos, pletóricos y de sus desdichas liberados por algun hechizo nunca revelado.

Sí -le dijo Jeremías-, yo también escuché esa historia que más puede tener de leyenda que de verdad demostrada. Pero el mes pasado me dijeron que el Obispo de Oviedo, consciente del revuelo y alboroto que se estaba formando, declaró la isla como lugar poseído por el mismo diablo. Catalogó como acto hereje, el admitir siquieraa cuestión la veracidad de lo sospechado, e incluso el viajar hasta el lugar, sería castigado con excomunión y declarado pecado punible con todo el rigor de la estricta justicia que se practica en la región.

Sí Doctor - respondió Nicanor -pero cuando uno pierde toda esperanza, el castigo apenas amedranta. ¿Cree aún que puede hacer algo por Teresa?.

No - dijo el Doctor -, ya he probado todas mis pócimas y recetas. No puedo hacer más que esperar el desenlace fatal.

Entonces - le dijo Nicanor - si todo está perdido, sólo nos queda quebrar la reglas. Hemos ir hasta allá e iremos usted y yo. Llevaremos a Teresa, pues no dejaremos marchar esta vida y dejar al chico ciego y sólo en este mundo pendenciero sin hacer un último esfuerzo.

- ¡No irán sólos! -dijo un voz grave y decidida a sus espaldas. - Nosotros iremos también. A ambos nos incumbe y ambos hemos de arriesgar si queremos merecer y tener esperenzas e una resurrección adelantada.

Jeremías y Nicanor se giraron, era Víctor de Yuste y el pequeño Daniel de su mano asido. Ambos habían estado todo el tiempo escuchando .

Continuará...

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27 Julio 2007

El hombre sin pasado

Sobre un caballete un papiro de grandes dimensiones descansaba. Ante él, Víctor de Yuste sostenía en su curtida mano una barra de sanguina que sujetaba con temblorosa delicadeza.

Se sentía poseedor de una idea bien inspirada y la iba a plasmar a modo de boceto en lo que sería la primera imagen del retablo de la Iglesia de Briones.

Ah! Magnífica obra para la que había sido encomendado junto con su desconocido, y a partir de ahora acólito mancebo, Juan Refranero.

Juan, postrado en una silla, contemplaba desafiante y con atención, aquellos trazos que la mano del Caballero de Yuste iba dejando.

A su paso, por la rugosa superficie de un lienzo amarillento, la diestra se estremecía de impaciencia, por ver que sería de una idea durante años en mente contenida.

Cien lustros después venerada y nunca en vida agasajada ¡Qué desgracia!.

Presta atención Juan, - le decía Víctor- hemos de atenernos a las instrucciones que nos dió el Obispo Mendoza y Sor Paula de Rodrigo, pero aún así y cómo ya fué escrito por otros en Sevilla, nosotros también haremos algo tan grandioso, que las gentes del mañana cuando alzen la vista, pensarán que no estabamos cuerdos cuando proyectamos este evento.

El retablo -continuó- estará dedicado a la Virgen de la Asunción. Debe por tanto ser la figura central del mismo. Estará flanqueada por iconografías de San Bartolomé y San Andrés y contendrá pasajes de la Pasión de Cristo. Más adelante, nos darán los nombres de otros santos de especial devoción por estas tierras.

Pero eso no es lo que más importa, pues en lo que respecta al diseño de fondo, tengo total libertad y autoridad, así que dispongo para tu conocimiento y sobre este lienzo que la estructura principal de la obra que vamos a acometer, sea como aquí aparenta ser.

Víctor, se dió la vuelta y comenzó a dibujar el boceto mientras le explicaba: "el retablo estará asentado sobre un banco y constará de tres cuerpos organizados en cinco calles con sus correspondientes zócalos. Si Dios nos da fuerza, será coronado por un ático. La altura pues, alcanzará unos veinticinco metros y tendrá una anchura de quince.

Juan que estaba atónito, se levantó diciendo: ¡pero Maese!, tardaremos años, muchos años en terminar los dos sólos está obra tan gigantesca.

Victor avanzó hacia él haciéndole frenar el paso en seco. "No Juan, tardaremos alguno más, porque los relieves que llenarán esta emblemática obra, serán denominados en un futuro como prodigiosos, y es en este aspecto donde yo cuento con tu ayuda.

Deberemos acostumbrarnos a vivir juntos, pues probablemente así lo estaremos lo que nos queda de vida. Si lo logramos, pasaremos juntos a la posteridad y nuestra amistad continuará en las mentes de aquellos que por esto nos recuerden.

No estaría demás - Exclamó Juan Refranero-, que ya que hemos de pasar juntos toda la eternidad, nos conociésemos un poco mejor.

¿De dónde procede el Maese? . -Preguntó-

Vengo del Sur, .-Dijo Víctor- pero no es de eso de lo que quiero hablar. He cerrado la ventana del pasado y una vida nueva quiero comenzar.

¿Hay algo que le atormente Señor? Si es así, debería contarlo pues las penas compartidas son más livianas. Mal que se caya, queda sin consejo y aquel dolor que se oculta permanecerá sin remedio.

No Juan, no hablaré de mi pasado, el olvido es herencia de la distancia, en el espacio y en el tiempo. Por eso puse tierra de por medio y para ello evitar mencionar mis desdichas es lo que quiero.

No se hable más -aceptó Juan sumiso-, pero sé que al final algún desliz tendrás y una vez abierta la caja de los truenos, esta será imposible de volver a sellar. Aun así me pregunto ¿Qué es un hombre sin pasado?, ¿Es acaso como un libro con las páginas en blanco?

Continuará...

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26 Junio 2007

La misiva de Santa Úrsula

La baronesa Delfina de Gasteiz, abrió el sobre lacrado que le entregaron y la leyó en voz alta ante la presencia del Obispo de Vitoria y el Doctor Jeremías.

En Toledo, En el año de la Encarnación del Señor de 1.243.

Convento de Santa Úrsula

A quién pueda interesar y a petición de su eminencia, el Obispo Catedralicio de Vitoria, describiré a continuación los hechos más relevantes de la vida de Sor Paula de Rodrigo, que convivió para la gracias de Dios en nuestra vecina congregación del Convento de Santa Úrsula durante dos años y ya hace más de seis.

Sor Paula, llegó una tarde de invierno, acompañada de su padre. Llovía muchísimo. Era como si trajera tras de sí un nuevo diluvio Universal. Recuerdo que cuando yo abandonaba el convento después de mi visita semanal a la congregación me topé con ellos al ser yo mismo quien abrió el portón.

Les hice pasar y les acompañé a una de las salas del convento. Su padre me pidió hablar a solas conmigo, así que pedimos a Sor Inés que llevase a la joven a la cocina a tomar un caldo caliente y secar sus ropas.

Nada más marcharse, su padre colocó una bolsa llena de monedas de plata sobre la mesa.

Debe quedarse con mi hija y guiarla por los caminos de Dios, me dijo muy nervioso.

Yo le llené la copa del licor que hacemos en la abadía y le agarré del hombro tratando de reconfortarle, mientras él agachaba la cabeza sollozando.

“Venimos del norte de Cáceres – me dijo- donde tenemos una hacienda fruto de la herencia recibida de nuestros antecesores. El origen de la misma, reside en la familia Fernán Calvo. El anterior Marques de Yuste la donó a nuestra familia por motivos que nunca fueron explicitados.

Mi hija, no quiere vivir allí de ningún modo, pues clama a Dios que esa tierra está manchada de sangre. La intentamos convencer por todos los medios de que eso no tiene razón de ser pero cada vez que nos descuidamos ella escapa del lugar. A pesar de estar viviendo bajo tutela y vigilancia extrema y que dos doncellas la siguen continuamente, ella suele escapar, aún durmiendo en sus aposentos, custodiada por cerrojos nada ligeros. No sabemos cómo consigue huir todas las noches de luna llena para ir a parar a un mismo lugar en los montes de la Sierra de Gredos. Mis hombres siempre la encuentran rodeada de manadas de lobos que milagrosamente no la dañan y hasta la protegen de otras alimañas”.






Yo, continúe escuchando al hombre hasta que al final me apiadé de él y convencí a Sor Inés para que le diese cobijo en el convento, a cambio de la generosa dote que su padre nos entregó para el monasterio. Bien sabe su Santidad que el dinero aunque lo despreciemos, es en este mundo de estrecheces un hecho real, de necesidad vital.

Sor Paula, se comportó de manera excepcional, deslumbrando a las demás adoratrices en todas las virtudes que Dios pide a una hija suya que se pretenda beatificar.

Es cierto, que era una persona esquiva, fría y sus palabras parecían guardar un significado oculto. Por eso llamó enseguida la atención, porque siempre que hablaba, las demás o no entendían o las obligaban a pensar para descifrar esa retórica que a todos nos hacía cavilar.

Cuando Sor Paula pidió inesperadamente y sin grandes motivos su traslado hacía el norte, yo estuve leyendo alguno de los textos que todas las noches ella escribía, y confieso que éste que a continuación transcribo, aún me hace pasar noches en vela.

´Para que la vergüenza no permanezca impune

Para que la venganza no sea débil

Para que la justicia no quede aplazada

Y dejada en manos de un Dios de perdón

Conjuremos al ángel caído

Y aquél que más coraje dispense

Nos libere de nuestro dolor.

¿No es acaso un Dios misericordioso en exceso un Dios menor?’

Que Nuestro Señor me perdone por haber repetido sus herejes palabras, pues de no haber sido porque Sor Paula ya partió hacia el norte y con carta de recomendación, este texto hubiese sido suficiente para expulsarla de la congregación. Pero al final todo quedó en agua de borrajas.

Nunca más se habló del tema.

Ahora, su Santidad debe excusarme y abandonaré aquí la historia. Si necesitase de más detalles puedo proveerle de toda la información que se camufle entre estas paredes.

Sin querer extender en exceso mi misiva y esperando que esta información le sea de utilidad, se despide de vuecencia este un humilde servidor de su Ilustrísima y de Dios.

En Toledo, 1243
Fray Berlamino Rojas

Continuará…

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3 Junio 2007

Miedo

Es verdad. Hacía mucho frío. Era febrero y estábamos en el norte de una España antigua. Eran los años en que los hombres no tiritaban. Apretaban los dientes y hacían un gesto de desdén, ignorando el helado viento mistral, que soplaba desde el norte.

Sin embargo, esta no fue la mejor de las noches para Ciriaco. el hombre que lloraba, comenzaba su nuevo trabajo echado adelante, arrepentido de sus vaivenes anteriores y con gran voluntad de enmendar sus errores, mantenía su inquietud entre las barreras del sentido común y la lírica de los héroes circundantes.

Noche solitaria, soledad inusitada.

Triste vida la del guardián de la esperanza.

¿Qué pretendes Ciriaco?

¿No ves, que de tu vida la tristeza del Universo se ha cebado?

La lechuza enmudeció con los escalofrios...

Ha escuchado el alarido de un ser de ultramundo

Entre las frías piedras su eco ha dejado

El miedo de nuestras mentes se ha apoderado.

Nunca más quiero pensar que serás un cobarde

No te marches, no mueras,

No abandones, Ciriaco.



Huimos del miedo, sin saber que el temor es nuestro aliado.

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28 Mayo 2007

El Diablo campea por la Salina

Las Salinas de Añaga, estaban formadas por un conjunto de eras o plataformas de madera sobre las que se extendía el agua salada. Esta, se dejaba evaporar al sol hasta dejar el residuo salino someramente seco y listo para ser retirado a los almacenes donde seria finalmente pasada por la criba y el tamiz.




Había decenas de eras, cada una para una familia y el agua circulaba para todos igual distribuyéndose a través de un laberinto de canales también de madera, los cuales tenían al lado de cada era un pequeño orificio tapado con arcilla fresca. Para dejar entrar el agua a la era, se retiraba la masilla y cuando estaba llena, se volvía a sellar el orificio de modo que el agua continuase su curso hasta la siguiente plataforma. Así sucesivamente.



Nadie podía retirar mas agua de la que cabía en su era y nadie podía bloquear el paso del agua hasta la siguiente. Del cumplimiento estricto de estas normas se encargaban los llamados “Hombres Buenos”. Hombres respetados en el pueblo por su honestidad y buen gobierno.

Nicanor Beltrán era uno de ellos, y esa mañana llegó a la plaza de Haro, galopando veloz sobre su alborotado caballoy voceando por doquier en busca del Doctor Jeremías.



Daniel, la criatura que hacía progresos con su vista pero que aún no distinguía bien las figuras, si que conseguía discernir luces y colores aunque fuese a duras penas. Se encontraba en casa del doctor jugando con el caleidoscopio que Héctor el zapatero le fabricó con cristales y espejos coloreados e introducidos en un tubo de caña.

Ambos, Jeremías y Daniel saltaron como un resorte alarmados por las voces de Nicanor.

¡Doctor!. - Exclamó el Hombre Bueno -. Ha habido un accidente en la Salina. Uno de los pilares de la era cedió y ésta se derrumbó para caer en el río. En ella trabajaba Teresa de Añaga extendiendo la sal como siempre. Al caer una de las tablas se partió astillándose peligrosamente. Teresa cayó sobre ella y se la clavó en el hombro. Sufre un profundo corte y se encuentra muy grave. Ha perdido mucha sangre. Debéis acudir de inmediato.

Jeremías cogió su maletín, se dirigió a la posada y llamó a Víctor de Yuste. Le pidió que cogiese a Daniel y que le acompañase. A toda velocidad tardarían al menos tres horas en llegar.

El posadero, le dejó otro de sus caballos pues ocho patas corren más que cuatro. Engancharon las acémilas y partieron siguiendo el rastro del caballo de Nicanor por el largo y tortuoso camino que bordea las montañas hasta Añaga.



¡Válgame Dios¡ dijo el Doctor llevándose la mano a su boca al ver la herida en el hombro de Teresa. Está muy feo el asunto, parece obra del Diablo. Hay que desinfectar rápidamente. Tráiganme, paños, fuego y aguardiente, no pierdan un segundo. Entretanto -dijo a las mujeres que se apiñaban arrodillladas ante el siniestro suceso- sigan taponando la herida con paños como sabiamente hasta ahora hicieron.


Daniel, trémulo, se coló entre las piernas de los hombres que formaban el corro alrededor de Teresa y se acercó a su madre. El instinto le hizo adivinar el lugar donde estaba su frente. Sobre ella posó su mano y entre mares de lágrimas le susurraba al oído: ¡madre! no te morirás ¿verdad?...no me dejarás…tienes que esperar a que yo pueda ver. No te irás sin que contemple tu rostro. Necesito el recuerdo de tu imagen para vivir…


Teresa, casi inconsciente, sacó fuerzas en medio de su delirio, para responderle: no hijo, no lo haré. Te lo prometo. Te esperaré. No me dejaré ir sin que veas mi rostro con vida.

Continuará…

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30 Abril 2007

La Baronesa

Delfina Gaztelu, la elegante y erudita baronesa de Vitoria, recibió encantada a su amigo, el doctor Jeremías, en el imponente castillo que ella regentaba.

El doctor, era muy apreciado por la baronesa pues además de hacerla reir con sus ocurrencias, éste ya le salvó una vez la vida cuando la noble dama fue víctima de algún veneno derramado en el vino. Las conjuras palaciegas, no lograron acabar con ella.

Delfina, era amante de la historia y el arte. Leía con perseverancia la literatura de la época y estaba muy interesada en descubrir los orígenes de los pueblos. Suya fue la idea de trazar un mapa genealógico de las familias de la región. Todo un hito que sentó la bases del primer registro civil de la época.

Jeremías, le expuso la cuestión que les intrigaba. Querían saber algo más de la vida de la monja Paula de Rodrigo y del tallador, Juan Refranero.


Mi querido doctor -dijo Doña Delfina– de la primera no tengo noticias valiosas, lo único que sé es que llegó hace tres años y fue acogida como adoratriz en el Monasterio de Yuso. Su impecable actitud y su efervescente devoción la llevaron a dirigir el sagrado lugar con rapidez. Sabemos que vino de Toledo por el sello de la carta de recomendación que su antecesora recibió. Hasta ahí llega la información que disponemos, pero puedo hacer mas averiguaciones a través del Obispo de nuestra Catedral de Vitoria. Él podrá acceder a los archivos eclesiásticos o bien dirigir su petición a su colega en Toledo.

Sobre Juan Refranero, ¡Ay! Este villano es conocido por ser hombre de vinos y pecados. Era muy mal hablado, siempre se buscaba enemigos y por eso andaba continuamente huyendo de ciudad en ciudad. Su lengua larga y viperina le abocó a una vida nómada por las enemistades que se buscaba. Dicen que su afición por los refranes es para evitar errar nuevamente. Como él dice son verdades universales que no debieran molestar a nadie. Al menos así aguanta y evita ser expulsado de otra ciudad por una buena temporada.

Nació en Laguardia, justo en la linea que divide Alava de La Rioja y su último destino conocido, está en Santo Domingo de la Calzada. Era hijo de un bodeguero ya fallecido. Debería buscar en el registro para recordar su verdadero apellido. Es una pena porque es hombre inteligente y genial artista, pero no sabe estar callado ni guardar los secretos de los que es custodio.


Jeremías agradeció la información y dijo que volvería en una semana. Si pudiese averiguar algo más de los dos estaría enormemente agradecido. Ahora se disponía a llevar a Teresa a la Salina de Añaga que ya llevaba demasiado tiempo fuera.

Descuide querido Doctor, ahora mismo iré a ver al Obispo para que dirija su misiva a la Catedral de Toledo y esta noche miraré en los registros para buscar algo por mi cuenta. Ahora márchense para que la noche no les alcance en el camino. Le espero la semana que viene y cuando vuelva, me concederá el honor de que al menos se quede a disfrutar de la cena.

Así será mi querida Delfina, ¡hasta pronto! - se despidió Jeremías –

Teresa también se despidió regalándole una reverencia, fascinada ante la imponente figura y ropajes de la noble dama.


Ya en el camino de vuelta, Teresa advertía a Jeremías de que ninguno de ellos debería contar sus secretos a Juan Refranero y menos aún en lo referente a Víctor. En especial sobre el asunto de la persecución a la que estaba siendo sometido el Caballero Artista. Habría que avisar también a los demás.

Está muy lejos Toledo, ¿verdad? -Preguntó Teresa-.

Si, es cierto, no sé que se le ha perdido a esa monja en estas tierras, al menos debe haber unas 100 leguas, pero sin embargo está cerca de..., vaya...está muy cerca de… -el doctor se detuvo y miró a Teresa-

¿Que ocurre? siga doctor, continue…-reclamó ella-.

…está muy cerca de la comarca de Yuste…demasiado cerca para ser una casualidad…

Continuará...


Toledo

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Llámame Peter. Me hice pasar por una persona más, pero en realidad soy un duende y sé que se me nota. Vivo entre los árboles de los bosques de Madrid y sólo salgo de allí por las noches para ponerme en contacto con vosotros en este lugar. Os contaré las historias y leyendas que se oyen por allí y me llevaré vuestras palabras para que mis asilvestrados congéneres se diviertan y emocionen con ellas. Con vuestro permiso. Hit Counter
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