Publicidad:
Terra
La Coctelera

María puede conmigo

Un día, me dijo mi sobrina María de nueve años. ¡Tio!, cuéntame alguna de aquellas frases graciosas, tú que tanto has leído y has escuchado, porque me he comprado un cuaderno y lo quiero tener todo apuntado.

Ya está cielo, le dije, ¡apunta!.

Camino bonito, camino con flores, "camino" me grites, "camino" me llores.

Yo me quedé satisfecho, pero ella levantó la cabeza del diario en el que se disponía a anotar y me hizo una mueca como diciendo: esto no es lo que yo esperaba.... Así que me incorporé desafiado, pero cuando le iba a contar la historia de como el típico pato se convirtió en un apático típico, casi cerró el cuarderno con lágrimas en los ojos, provocadas por la ira de la decepción.

Entonces preocupado, pensé que lo que la joven señorita quería, era escuchar preciosas e históricas rimas y rebuscando encontré en la memoria a un Ruben Darío, que me susurró al oído lo que le conté a la canija Sisí Emperatriz aturdida :

"La princesa está triste. ¿qué tendrá la princesa que de su boca escapapan suspiros de fresa?"

Pero ella resopló, cerró el cuaderno y me recriminó: ¡Acaso no te sabes algo como el cuento del hombre que tuvo cinco hijas y les llamó Pata, Peta, Pita, Pota y Almundena?

Se metió el cuaderno debajo del brazo y muy digustada, salió corriendo.

Ahora yo me encunetro en un brete, tengo que verla de nuevo en breve, así que si vosotros la comprendeis, por favor ayudenme a lidiar con la criatura con alguna ocurrencia, algo así como rimante y onomatopéyico que una Sisí moderna espera.

Remuevan el baúl porque necesito llevarle algo más que la joya que mi admirada Flor de Loto me regaló, sí, aquello de que "en el mundo del revés nada un pájaro y vuela un pez".

¿Le gustará? !! Endiabladas criaturas!

Besos

La senda de Ameland

Arent estaba sentado en un acantilado de la isla de Ameland y desde allí, lanzaba piedras haciéndolas rebotar contra las olas del mar. Cansado y aburrido de deambular por la isla, se preguntaba que era más indignante, si ser un esclavo preso y forzado o ser abandonado por aquellos piratas que le secuestraron y que ahora no le prestaban ningúna atención.

Ciertamente Otto Barbarrosa y sus secuaces, eran tristemente para esta historia, malvados piratas de categoria inferior. La aparente bravura y crueldad se tornaba en una sucesión de grotecos gestos cómicos, cuando la absenta era consumida con tanta ansiedad. Nada de piratas épicos con garfios y pata de palo. No, estos eran más bien una lamentable algaribía de borrachos delirantes, que poco a poco, como hojas de otoño, iban cayendo por la calles ante al apabullante peso del alcohol en la sangre.

La isla no aportaba gran diversión a los habitantes de ésta, y la única razón de los piratas Frisones para anclar en Ameland radicaba en que este era el único lugar de tierra firme donde Otto podía ejercer su autoridad con el beneplácito de su padre el Rey Barbarrossa. Una limosna dejada caer con desprecio para un hijo desheredado con la intención de que éste estuviese entretenido y de la corte apartado.

Los seudo hombres se aburrían, el clima era gélido y había pocas mujeres para saciar su ávidos deseos de disfrutar de una noche de dudosa demostración de amor y más aún cuando todos tenían en mente en ese viaje prometido por Bas, el lugarteniente de Otto al mando de la nave bucanera. Bas les había prometido a cambio de su fidelidad, un viaje a la lejana isla del sur que él en su juventud conoció. Aquella magnífica joya del Atlántico llamada La Palma, donde no entenderían las palabras, pero si encontrarían mujeres jóvenes, alegres y morenas. Sólo habían de aguardar el permiso de Otto cuando éste solucionase las dispustas con su padre.

Entretanto, Arent, fustigado por el látigo de la indiferencia, vagaba de acantilado en acantilado después de verse libre de la celda en la que tras su captura fue recluido. En una de esas noches de delirio, sus guardianes olvidaron echar la tranca a la puerta y pudo escapar, raudo pero con rumbo a ningún lugar.

Y comenzó a llover. Sólo, muy sólo, desamparado en tierra insular y extraña, Arent contempló como de un cielo embravecido, un tremendo aguacero comenzó a caer.

Triste, empapado y muy hambriento, encontró en el suelo un pez muerto. Tenía tanta hambre que no le importaba comérselo crudo y cuando se disponía a ello, divisó a lo lejos a un hombre anciano caminado junto a un buey que de leña iba cargado. Arent se puso en pie pero temeroso no se acercó. Sin embargo el hombre del buey, cuando ya apenas se le podía ver, se giró sobre sus pies y le hizo señas para que se acercase o le siguiese. Arent no lo pensó dos veces ante la posibilidad de terminar con su lamentable estado de soledad y fue tras él.

Poco a poco se acercaba, pero extrañamente nunca lo alcanzaba. El anciano giró en un lugar determinado y comenzó a caminar por una vereda que se adentraba en un frondoso bosque. Arent, aunque cansado, había comenzado a acelerar notablemente el paso y aun así no entendía como viéndose por su juventud mas ágil que el anciano, la distancia no se reducía. A veces lo conseguía pero entonces, el anciano y el buey tomaban una curva y cuando se les volvía a ver, la distancia entre ellos se había vuelto a triplicar. Los árboles iban ocultando la claridad, la noche comenzaba a caer y las alimañas de un bosque cada vez mas cerrado llenaban el aire de sonidos extraños e inquietantes. El joven teutón, ya no veía nada, ni a nadie en el horizonte y comenzó a dar voces para llamar a su señuelo, pero no tuvo respuesta.

Desanimado se sentó en una roca en la mas inmensa tristeza y se durmió, desfalleciendo en un improvisado lecho de hojas.

En la oscuridad de la noche, el crepitar de unas ramas pisadas le despertó. Cuando miró a su alrededor, vió que un círculo de sombras le rodeaba. Todas asían una antorcha prendida y Arent en un instante, sitió como de su camisa, se le salía el corazón...

Continuará...

Este relato está dedicado a Maika, que vive en un Pais de Soledad.

Hola ¿Se puede?

Volver... siiii..pero de puntillas sigiloso...

Con la frente marchita, y la carita colorada,

Avergonzado, por invernar como un osezno siendo humano

Por consumir creatividad y no ser generoso a la hora de donar

¿Excusas?, a montones,

Tengo tres en la mano y muchas mas en el hatillo que de la vara anda colgado...

¡Travieso! ¿Donde habrás estado?

No lo recuerdo pero tres meses son demasiados

Tan abandonados os tengo que ni os escribo ni os leo

Pero benditos sereis, si vuesas mercedes

Admiten que en este tiempo os he recordado

Y si por fín, después de esta pública súplica

Acogeis en esta casa, al endiablado duende que va y viene

Me esforzaré en estrujar el delicado paño del tiempo empapado

Hasta dejar caer las gotas que llevan esos minutos dedicados

Aquellos que os fueron robados

Algo brilla en el cielo

Era el día de Nochebuena de 1353 y todos, desde la aldea de Haro, habían decidido trasladarse a las Salinas de Añaga para celebrar una noche tan especial.

Teresa, continuaba exhausta y pálida de cansancio por la frenética lucha que entablaba con una Muerte empeñada en llevarse a alguien de aquellas Salinas bajo su amparo. Las heridas que el zarpazo de las maderas le produjo en su caída, habían cerrado bien, pero la infección no remitía y esto le provocaba una fiebre ardiente. Para más desgracias, su pequeño Daniel, que a pesar de haber progresado con las pócimas del doctor Jeremías le suministraba, continuaba infelizmente ciego sumido en su mundo sin color.

La desafortunada y pequeña familia, estaba en el corazón de todos, pues las desgracias amontonadas, provocan mas lástima que aquellas que se nos presentan aisladas.

Además, a la mañana siguiente, Héctor el zapatero debía partir para Asturias y había que reconfortar al solitario viajero que se disponía a afrontar en el día de Navidad, un viaje tan largo y sombrío por aquellas escarpadas montañas en busca de la meiga de leyenda milagrosa que salvaría la vida de la malherida Teresa.

Mientras el Doctor Jeremías colocaba un paño con agua fría sobre la frente de Teresa, Daniel se dirigió con los brazos estirados hacia la puerta, cuando alguien golpeó sobre ésta, hasta que acertó a girar el pomo.

Al abrirla, todos entraron en tropel sobre la única sala de la casa. Víctor, Ciriaco, Héctor y Carmela, la joven bajita con tacones altos, aparecieron de golpe cantando una canción de Navidad. Tras ellos, Pedro el cantinero y Ciriaco esperaron en la calzada pues venían cargados con grandes sacos de sabe Dios que alimentos.

Teresa, aún en su mal estado, los saludaba al llegar, levantando el brazo no dañado como quien saluda desde otra vida, sacando de lo más hondo de su ser las ultimas gotas de energía para hacer doblegar la comisura de sus labios y mostrar una tenue sonrisa.

- Entren todos por favor, la casa es pequeña pero el corazón es grande-dijo con dificultad.

Los visitantes se sentaron alrededor de Teresa, que incluso con ojeras, mantenía la belleza que irradiaban su sojos verdes.

Poco después volvieron a llamar a la puerta. Y apareció Nicanor Beltran, el hombre bueno que también vivía en la aldea, acompañado de un gran grupo detrás, ¡Santo cielo! Tras él estaban la mujer de Jeremías y sus nueve hijos queno querían estar sin su padre en esa noche. Viendo el tumulto, más gente de la villa se acercó con humildes regalos para el niño y su madre. La casa se llenó de gente y decidieron que como era imposible entrar todos el misma casa formarían el círculo de fuego.

El círculo de fuego era una formación muy usada por aquellos que acampaban a la intemperie en las frías noches de invierno. Consistía simplemente en hacer un círculo de unos diez metros de diámetro con cinco o seis grandes hogueras y en el centro una más, de tal forma que se formaba una irradiación de calor uniforme y agradable en el hueco que quedaba entre ellas. Con eso conseguirían estar confortados en una noche que aunque de cielo limpio se presentaba, fría como un tempano de hielo se presumía.

Saldremos fuera, - dijo Nicanor -e improvisaremos un campamento para celebrar esta Nochebuena. Ciriaco y Pedro sacaron comida y vino, las hermanas de Nicanor se presentaron con sendos laúdes y Teresa quedó tumbada cerca de la hoguera pequeña. Poco después todos cantaban canciones de Navidad, pero cuando el vino comenzó a calentar el cuerpo, las hermanas comenzaron a tocar canciones populares mas profanas y animadas.

La mujer de Jeremías, era una robusta personalidad de casi metro ochenta de estatura y más de noventa y cinco kilos de peso. Con cara de buena persona y mofletes colorados, reía con las canciones a grandes carcajadas. Se levantó y agarró del brazo a su esposo Jeremías, bajito y delgado como el tronco de un olivo, que no se resistió y acudió a la demanda del baile para el que su mujer le apremiaba.

Daban vueltas y vueltas al son de la música y todos reían por la grotesca estampa que la extraña pareja les brindaba. Ella le sobrepasaba en más de dos cabezas y un cuerpo.

Victor de Yuste susurró sarcástico al oído de Héctor, - No entiendo como este hombre diminuto pudo hacer nueve hijos a esta mujer de talle exagerado. Debió hacer un esfuerzo titánico para llegar a ese excelente resultado.

Ja ja! - rió Héctor - es cierto maese, pero aún subestima vuecencia el poder de las pócimas de esta eminencia que entre las carnes de la mujer de cuando en cuando se deja ver.

Mas tarde, Carmela bailó con Daniel agarrado del brazo, y Ciriaco como siempre un poco avergonzado lo hizo con Elisa la menor de las hermanas.

Pero algo se percibió en el son de las canciones. Repentinamente las voces comenzaron a apagarse. Pedro miró al cielo y dejó su mirada en él clavada. Y Victor vió a Pedro y miro al cielo, y Héctor miró a Víctor e hizo lo mismo y Carmela y Elisa y su hermano Nicanor y al final todos miraban al firmamento mientras la música se detenía por completo. El silencio se hizo tan presente que parecía se podia palpar y conmovidos todos vieron una estrella desplazarse por el cielo.

Siguieron su traza con admiración, contemplando los destellos azules y rojizos, que dejaba atrás en forma de cola eterna. Como un magnífico cometa de colores, surcaba el espacio infinito con excitante serenidad y elegancia. Grande como la hija de la luna, brillante como un diminuto sol, se hacía dueña del firmamento con un desplazamiento suave e uniforme en dirección al este.

Teresa tambien la vió, y a la vez que sonreía, sus ojos emanaban lágrimas de última esperanza en sus pupilas. Sujetó la barbilla de su hijo Daniel, y la empujó con suavidad hacía arriba. Le hizo mirar hacia hacia el cielo y Daniel contempló. Esa enigmática estrella que se perdía en los confines del horizonte fue la primera imagen nítida que en su vida vió.

Continuará...

Pepito grillo canta en Ingles

Jajaja...A los duendes nos encanta la musica de Manolo Garcia y El Ultimo de la fila.

Ese rock con aires arábigos y aflamencados, que se endulza con letras de poemas...que lindo que es !!!Pero en Inglesssss!!!???

jaja la tribu en el bosque se ha reido un montón... y se nota en el video que los musicos tambien están de guasa...

¡¡Va por ustedes...!!

Val. Un perrito con 7 vidas

¿Un milagro? Bueno, mejor dos. Porque uno es entrar y el otro es salir de donde Val emergió.

Este perrito es como la mala hierba, inmortal y travieso. Ya ha visitado la clínica de mi amigo Alvaro y su mujer Adela varias veces. Vive solo y sólo quiere vivir, pero deben de tratarlo muy bien porque ya no sabe que hacer para volver.

En esta ocasión ha montado el numerito. Hubo que sacarle de dentro del coche, pero que de muy adentro.

¿Y el pobre Alvaro?, que trabaja incansable y gratis, y que no acude a la llamada de sus amigos del alma para las cañas porque está ocupado.

No, él no te dirá porqué, no lo hará. No nos dirá porqué tantas horas de demora y no lo va a hacer porque Alvaro es uno de esos héroes silenciosos que tanto abundan, pero que nunca se les ve.

Pero luego, te enteras porqué no fué. Unía costillas y entablillaba patitas en la pequeña clínica que los escasos fondos no le agranda y tanto necesita.

Y ahora Val, el cachorro perseverante, deambula por Badajoz. ¿Que trama ahora Val para volver a ver al veterinario que 7 veces la vida le salvó? ¿Qué hará para su atención de nuevo llamar?

Noticia completa

http://www.hoy.es/20071107/badajoz/perro-siete-vidas-20071107.html

Un hombre cuerdo y valeroso

Víctor estaba a las puertas del taller de Briones donde solía trabajar. Ensillaba su caballo para regresar a la posada de Haro. Había adelantado algo esa mañana perfilando plumas con un fino formón, sobre una paloma de madera que sería la encarnación del Espíritu Santo en el futuro retablo. También dió instrucciones a Juan Refranero, encomendándole trabajos para una semana, como pulir tablones y tallar filigranas en la base del banco principal. Eran cosas de poca monta, que requerían más tiempo que habilidad.

También le advirtió de su ausencia en los próximos días, pues un viaje debía hacer y lo de menos era saber el porqué. Sólo le dijo que regresaría en breve, pues para Asturias, cuatro días de ida y tres de vuelta serían suficientes, pero no quería que le dijese a nadie hacia donde iba y que ni siquiera mentase, que de la Rioja estaría ausente.

Confíe en mi maese -le dijo Juan- pero es menester que me diga algún motivo para el viaje, pues de intriga a veces muere la gente y si me preguntan, más extraño será el silencio que una excusa aparente.

Escucha Juan, - le dijo Víctor- yo y otros hombres, vamos a llevar a Teresa de Añaga a un lugar donde la podrán sanar de sus heridas. Aquí los médicos ya hicieron lo que pudieron y de aquellas tierras, alternativas prometedoras a nuestros oídos llegaron. Pero no digas a nadie a donde vamos ni para qué. Diles si te preguntan, que a por nuevas pinturas y materiales a Vitoria he marchado.

En boca cerrada no entran moscas, maese -sentenció Juan haciendo honor a su sobrenombre Refranero- . No tiene por qué preocuparse. Así lo haré y mis labios cerrados serán un ejemplo de discreción, prudencia y moderación.

Víctor, le miró a los ojos y enarcó ambas cejas en señal de escasa confidencia, dió media vuelta para montar y como alma que lleva el diablo hacia la villa de Haro partió, donde había combinado encontrarse con Jeremías y Daniel.

Ya en en la plaza de Haro, Víctor vió a Daniel con otros dos niños jugando con su caballo alado de madera. Aque hermoso Pegaso esmaltado en azul turquesa y rematado con ribetes plateados en el perfl de sus alas. Se acercó y el chico le dijo que los demás amigos a quiénes buscaba,estaban en el interior de la cantina.

Cuando Víctor se adentró en la taberna con su bolsa de viajero, demoró en encontrarlos pues el local estaba abarrotado de gentes. Era domingo, había mercado y se acercaba la hora del almuerzo, justo cuando los comerciantes cerraban sus tenderetes satisfechos de lo que en aquella mañana habían despachado.

Al final, los encontró. Jeremías, Carmela, aquella niña bajita con zapatos de tacón alto, y Ciriaco compartían mesa. Héctor estaba de pie sobre las espaldas de Jeremías tirándole de las orejas. Cuarenta y cinco años de amistad permitían esas licencias.

Ciriaco mientras tanto reía. El domingo, era el único día de la semana que el pobre Ciriaco no lloraba.

¡Que ocurre aquí! saludó Víctor sonriente al alegrarse de verlos.

Siéntese maese -le invitó Héctor-. Le estoy tirando de las orejas a esta vieja gloria de la medicina, por burro y por senilidad de pensamientos limitados ypoco ilustrados. Jeremías me ha contado que van a hacer un viaje para llevar a Asturias a la joven Teresa. ¡En que cabeza de doctor cabe esa descabellada idea!. Con esas montañas escarpadas, esos caminos retorcidos y este clima gélido, ¿cuanto tiempo de viaje cree que aguatará con vida la pobre mujer?

No es ella quien tiene que ir a la curandera, somos nosotros quienes debemos traerla a la meiga hastaella. Y no hace falta que vayamos tantos hombres, todos tenemos quehaceres importantes de qué ocuparnos.

Yo mismo podré acercarme sólo al Islote de Castro, consultar los remedios que la bruja recomienda y traerlos cuanto antes. Un hombre sólo y cuerdo (dijo mirando socarrón a Jeremías), es ligero como un ave que vuela con el viento.

Víctor no tuvo más remedio que darle enseguida la razón, y Jeremías con nariz colorada, mirando su jarra de vino asentía arregañadiente.

Ciriaco tartamudeó, pero nadie le entendió.

Mañana -prosiguió Héctor, muy temprano, iremos a las Salinas que están en el camino de Asturias. Allí Nicanor -el hombre bueno- me dará las guías y consejos que necesito para alcanzar el camino del Islote y raudo partiré hacia el norte.

Víctor levantó su copa - ¡brindo por el valor y la sabiduría de los hombre de estas tierras! - y todos, al unísono, sus jarras en lo alto estrellaron.

Continuará...

Un viaje desesperado

El doctor Jeremías estaba desesperado. Teresa tenía una fiebre ardiente y la sangre contaminada por alguna infección generalizada. La herida en el hombro había cicatrizado bien, pero nadie parecido a un humano, podría haber sobrevivido al brutal esfuerzo que su débil cuerpo estaba haciendo por huir de esa sombra con guadaña que acechaba las Salinas de Añaga.

Jeremías apoyó su brazo sobre los hombros de Nicanor, "El hombre bueno", y ambos comenzaron a caminar despacio y resignados hacia el pueblo que descansaba en una noche solitaria. El médico se lamentaba: creo, querido amigo, que lo único que la mantiene con vida es la promesa de vivir que le hizo a su hijo. Esperar a que el joven recupere la vista y pueda ver el rostro de su madre aun en cuerpo y alma, para después ella partir al otro mundo y dejar al pequeño Daniel un recuerdo hermoso para el resto de sus días. ¡Que noble tarea es esa a la que la hermosa Teresa se encomienda!.

En verdad, amigo Nicanor, que así son las paradojas de la vida. Mientras uno se acerca a la luz, la otra se aparta inexorablemente de ella, ¡que curioso y triste relevo!, así como el sol no puede ver a la luna, el hijo no puede cruzar la mirada con su madre.

Nicanor Beltrán, habia viajado mucho y conocía muchas historias de esta enigmática región de la España antigua, pero ésta, por contemporánea, era de las que más rumores entre la plebe local provocaba y así se la relató al anciano doctor.

- Hay una isla frente a la costa Asturiana, cerca de la Villa de Ribadesella. Lo lugareños la conocen como el Islote de Castro y se levanta majestuoso entre playas de fina arena. Dicen que allí vive una bruja. Una anciana curandera que huyó de la Iglesia para no ser sacrificada, a la que ellos la llaman Meiga de Castro.

Las autoridades se han acercado a este islote aparentemente deshabitado, y nunca un ser vivo han encontrado, pero en las noches de luna llena, dicen que se puede ver una columna de humo que emana desde esta insular tierra.

Es sabido - continuó Nicanor - que gentes que gravemente enfermaron, en su último aliento hasta el islote navegaron. Las gentes de lugar, guardan discreto silencio, pero si vas por allí y le arrancas alguna palabra a alguien, te contarán que aquellos cuerpos decrépitos que a la mar se hicieron, regresaron vivos, pletóricos y de sus desdichas liberados por algun hechizo nunca revelado.

Sí -le dijo Jeremías-, yo también escuché esa historia que más puede tener de leyenda que de verdad demostrada. Pero el mes pasado me dijeron que el Obispo de Oviedo, consciente del revuelo y alboroto que se estaba formando, declaró la isla como lugar poseído por el mismo diablo. Catalogó como acto hereje, el admitir siquieraa cuestión la veracidad de lo sospechado, e incluso el viajar hasta el lugar, sería castigado con excomunión y declarado pecado punible con todo el rigor de la estricta justicia que se practica en la región.

Sí Doctor - respondió Nicanor -pero cuando uno pierde toda esperanza, el castigo apenas amedranta. ¿Cree aún que puede hacer algo por Teresa?.

No - dijo el Doctor -, ya he probado todas mis pócimas y recetas. No puedo hacer más que esperar el desenlace fatal.

Entonces - le dijo Nicanor - si todo está perdido, sólo nos queda quebrar la reglas. Hemos ir hasta allá e iremos usted y yo. Llevaremos a Teresa, pues no dejaremos marchar esta vida y dejar al chico ciego y sólo en este mundo pendenciero sin hacer un último esfuerzo.

- ¡No irán sólos! -dijo un voz grave y decidida a sus espaldas. - Nosotros iremos también. A ambos nos incumbe y ambos hemos de arriesgar si queremos merecer y tener esperenzas e una resurrección adelantada.

Jeremías y Nicanor se giraron, era Víctor de Yuste y el pequeño Daniel de su mano asido. Ambos habían estado todo el tiempo escuchando .

Continuará...